Nadando con Kuma y Lucía
(o: Cómo me corrieron de mi casa y así salvé mi paz mental)
Qué curioso es cómo funciona el universo. Uno no planea exactamente desarraigar toda su existencia, pero cuando la vida te da un empujón agresivo hacia la puerta, pues nomás agarras el carro y te vas rumbo al sur de la frontera. Así que aquí estoy, viviendo la vida increíblemente de una persona con doble nacionalidad en México. Todo está totalmente bien.
Por supuesto, los perros están sufriendo horrores bajo la dura rutina de que los arrastre a una playa de postal casi todos los días. Lucía, con diez meses y ya igualando a Kuma en estatura, decidió que es nadadora de competencia. Zahira y yo creemos que tiene algo de pastor belga malinois, y tiene sentido: tiene esa mezcla de inteligencia aterradora, cero control de impulsos y mucha más energía caótica de la que Kuma tuvo jamás a esa edad.
Kuma, por su parte, tiene nueve años, pero con alma de dos. Se niega a bajarle el ritmo, así que no puedo susurrar la palabra “playa” ni por accidente, ni mucho menos cometer el error de respirarla en su dirección general. Si alcanza a oír aunque sea media sílaba, se teletransporta de un sueño profundo directo al asiento trasero antes de que yo alcance mis llaves.
La neta, estar aquí ha sido toda una limpia. Un agradecimiento enorme, de verdad, a que me hayan corrido de lo que yo realmente creía que era un “hogar lleno de cariño”. Resulta que mi supuesta mejor amiga de toda la vida solo necesitaba despejar unos metros cuadrados para su nuevo galán. Lealtad de primerísimo nivel, sin duda. Me dolió un montón (casi todo 2024 fue una clase magistral de traición, para los que llevan la cuenta en casa), pero bueno, al menos me trajo hasta acá.
Pero no todo mundo desapareció, y eso lo agradezco infinitamente. Un par de amistades y mi hija han hecho el viaje hasta acá para visitarme desde que me mudé. Resulta que la gente que de verdad te quiere cruza una frontera con gusto para demostrarlo, sin necesidad de negociar metros cuadrados.
Resulta que te agarren totalmente desprevenido es una forma sorprendentemente efectiva de recordar quién eres en realidad, sin contorsionarte para complacer a alguien más. Y como al universo le encantan los giros de trama, conocí a alguien. O ella me conoció a mí. Estamos juntos y, qué concepto tan loco, nos respetamos de verdad la paz, los sentimientos y la dignidad más básica.
Todo está bien. De verdad. Disfruta la vida todos los días.
Swimming with Kuma and Lucia (or: How Getting Evicted Saved My Sanity)
Funny how the universe works. You don’t exactly plan on uprooting your entire existence, but when life gives you an aggressive shove toward the door, you just grab the car and head south of the border. So here I am, living the incredibly ordinary life of a dual citizen in Mexico. Everything is totally fine.
Of course, the dogs are suffering terribly under the harsh routine of being dragged to a postcard-perfect beach almost every day. Lucía, at ten months and already matching Kuma in height, has decided she’s a competitive swimmer. Zahira and I think she has some Belgian Malinois in her, and it makes sense: she has that mix of terrifying intelligence, zero impulse control, and way more chaotic energy than Kuma ever had at that age. Kuma, meanwhile, is nine years old with the soul of a two-year-old. He refuses to slow down, so I can’t whisper the word “beach” even by accident, much less make the mistake of breathing it in his general direction. If he catches even half a syllable, he teleports from a deep sleep straight into the back seat before I can reach my keys.
Honestly, being here has been quite the cleanse. A huge thank-you, truly, to getting kicked out of what I genuinely believed was a “loving home.” Turns out my supposed lifelong best friend just needed to clear some square footage for her new guy. Top-tier loyalty, no doubt. It hurt a ton (most of 2024 was a masterclass in betrayal, for those keeping score at home), but hey, at least it brought me here.
And not everyone disappeared, which I’m endlessly thankful for. A couple of friends and my daughter have made the trip down to visit me since I moved here. Turns out the people who truly love you will happily cross a border to prove it, no square footage negotiations required.
Turns out getting totally blindsided is a surprisingly effective way to remember who you really are, without twisting yourself into knots to please someone else. And since the universe loves a plot twist, I met someone. Or she met me. We’re together and, what a crazy concept, we actually respect each other’s peace, feelings, and most basic dignity.
All is well. Truly. Enjoy life every day.











